sábado, enero 01, 2011

Un Lugar

El viento acaricia nuestro cuerpo siempre convirtiendo un poco de nuestra piel en polvo, el inmenso reloj de arena marca lentamente las horas, solo el agua nos salva de encandilarnos los ojos, no queremos por nada dejar que las nubes tapen el sol, ante eso sentimos frío aunque el calor nos penetre los huesos. Los pájaros cantan, la gente se esconde en sus casas, descansan, pero en verdad en esta ciudad, nos sentamos a guardar bajo siete llaves los recuerdos. No queremos irnos, no queremos irnos, ya nos sentimos en el paraíso, un paraíso desolado, en el que en un momento no sabemos si estamos en el infierno o en el paraíso, o en otra dimensión.

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