Éramos como la uña y la mugre.
-decíamos.
Como el pan y la mantequilla.
Y la palta.
Éramos como el sol y el día.
Como la noche y la luna.
Como el pez y el agua…
Entrábamos a su pieza.
Cerrábamos la puerta.
No muy cerrada por si acaso.
Y nos tirábamos sobre la cama…
A conversar…
Yo le contaba mi rutina diaria.
Lo agotadísima que estaba.
O lo aburrida, o lo lindo del día.
El casi no me interrumpía, no trataba.
El, me sonreía...y opinaba.
Yo terminaba de hablar y el proseguía.
Me contaba su día, lo que pasaba por su mente.
Yo opinaba, pero el movimiento de sus labios.
Me conmovía.
Yo me sonreía, no se como lo miraba.
Pero el me comenzaba a besar.
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